Lo que creemos
Una fe explícita, sin letra pequeña
Esta declaración explica desde dónde hablamos. No funciona como examen de admisión ni como requisito para leer, preguntar o recibir orientación hacia recursos.
Jesús es el centro
Creemos que Jesucristo es el camino, la verdad y la vida, y que la gracia de Dios no puede reducirse a una herramienta de control institucional. La Biblia merece estudio cuidadoso, contexto, humildad y reconocimiento de que cristianos sinceros pueden interpretar algunos asuntos de manera diferente.
Dignidad y libertad de conciencia
Cada persona conserva su dignidad, sus límites y su capacidad de decidir. No creemos que una autoridad religiosa deba controlar relaciones, salud, trabajo, vivienda, voto, dinero o decisiones familiares mediante miedo, profecía o amenaza espiritual.
La iglesia debe rendir cuentas
La comunidad cristiana puede acompañar, enseñar, corregir y servir, pero no está por encima de la verdad, la ley ni la protección de personas vulnerables. Rechazamos el encubrimiento del abuso y el culto a líderes.
Generosidad sin coerción
Rechazamos diezmos obligatorios, pactos financieros modernos, “semillas” ligadas a promesas y cualquier presión económica presentada como condición de favor espiritual. Los recursos esenciales de este ministerio serán gratuitos.
Humildad sobre nuestro alcance
No diagnosticamos, investigamos delitos ni sustituimos atención médica, psicológica o legal. Tampoco prometemos sanidad, restauración familiar o permanencia en la fe. Podemos escuchar, compartir recursos y reconocer cuándo corresponde derivar.
